la mayoría de veces vivo en un cuaderno, a veces salgo a dibujar.
quisiera poder hablar y la mayoría de veces no me sale.
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lunes, 19 de mayo de 2014

tengo algo

No sé, creo que tengo miedo. Podría ser otra cosa pero estoy casi segura que es eso y la verdad no sería raro pero no sé.
Me la paso pensando que hago cosas de más (o de menos) pero de menos es peor porque me siento obligada a ser más demostrativa (cosa que en teoría quiero) y cuando lo hago me siento en offside y lo peor es que siempre supe que quedaría en offside. Tal vez es ese vicio de la profecía autocumplida y mi manía de volver raras las cosas intentando -justamente- todo lo contrario. No sé.
¿Queda mal si pregunto? Sí. Soy un ser molesto que pregunta cosas que todos ya parecen saber y parezco todos los días un poco más idiota.
¿Puedo preguntar igual? No. Bah, podría, pero 'offside' quedaría corto y ya lo sabemos.
¿Queda mal si extraño? ¿Qué clase de pregunta es esta? Mejor callate y seguí soñando en blanco y negro que ahí te va mejor.



me olvidé de contarte, soñé otra vez con vos. esta vez me tapabas los ojos para darme un regalo y de mi boca salía como un algodoncito que era rosa, creo que flashé los conejitos de Cortázar, pero bueno, en fin, nos reíamos y reías, me sonreías y yo medio que me derretía, me fundía de sentirme tan feliz denserio, y sacabas unas hojas y un paquetito, y me tapabas los ojos de vuelta y escuchaba tu sonrisa la escuchaba de verdad y la sentía porque apoyabas tu boca en mi cabeza mientras me decías que adivine qué había adentro del paquetito y yo solo quería decirte que no me importaba, que aunque no adivinara ya había ganado porque estabas ahí, tus manos sobre mis ojos y tu sonrisa en mi cabeza.

domingo, 4 de mayo de 2014

dejame hacer lo que quiero

dejame, dejame hacer lo que quiero repite una y otra vez en mi oído como un mantra, como un ruego y una orden al mismo tiempo y no hay nada en mí que quiera negarse a su pedido. me dejo ir un poco bajo la calidez y presión de su piel contra la mía, las respiraciones entrecortadas y aceleradas como luchando pero en una lucha que es espera y entrega al mismo tiempo. no hay poder de uno sobre el otro, no es dominación: ambos reclamamos lo que es nuestro y de los dos. 

dejame, dejame hacer lo que quiero vuelve a repetir y esta vez parece que se lo dijera a sí mismo pero mirándome a los ojos, llenando los pocos vacíos que pudiera haber entre los dos. yo no ofrezco resistencia alguna ni quiero, no me interesa. quiero que haga lo que quiera. quiero que esté ahí como está ahora, reclamando para sí ese último lugar donde todo es un mundo de sábanas, brazos, sueños y piernas enredadas. quiero que haga lo que quiera porque es lo que queremos los dos; queremos hacer lo que queremos y queremos mucho.

dejame, dejame hacer lo que quiero y esta vez sus palabras salen ahogadas contra mi cuello. estamos estamos estamos haciendo lo que queremos y está bien pero no es necesario decirlo, se lo ve, se lo siente. las sombras empiezan a tomar color y todo está bien. todo es correcto y somos plenos y después de un diálogo entre bocas mudas y ojos que se cierran llega el sueño y el despertar en el mundo real, que no parece mundo y es menos real que eso.



Y los pensamientos están ahí, girando en la cabeza durante tanto tiempo que son producto primario de sueños en blanco y negro con sombras a color.

martes, 8 de abril de 2014

Nico.

'Cierren los ojos', dijo Martín.
Le hice caso.



Eran casi las once de la mañana y yo estaba dando vueltas en la vereda. Dudaba en tocar el timbre o abrir la pequeña reja y golpear directamente la puerta.
Entrar en esa casa significaba terminar de aceptar todo y no estaba segura de salir entera de la situación.
Decidí pasar y golpear la puerta, como hacía antes.

Atendió Camila, la hermanita de los chicos. Me abrazó muy fuerte y lloró un poco sobre mi hombro. 'Te extrañamos' dijo, y me odié. Pasamos.
Le pregunté las cosas más idiotas que se le pueden preguntar a alguien a quien no ves en años. Me sentí estúpida, pero ella fue amable y me respondió cada una de las idioteces con tranquilidad, mientras me servía el té en una taza, tal y como lo hacía cada vez que iba a visitarla; como si nunca hubiera dejado de ir y ella aún tuviera 13 años.
Apareció Fernando. Flaquísimo, ojeroso y algo gris. Me vió e intentó sonreír y me llamó como solo (ahora) tres personas lo hacen en todo el mundo:
-Viniste Dee Dee.
Salté de la banqueta y corrí a abrazarlo, tropezando conmigo misma y mi torpeza. Pensé que lo quebraría de tanto apretarlo pero sus brazos cobraron vida y perdí casi todo el aire. Lloraba en mi hombro, todo un metro noventa encorvado sobre mí. Sentí un nudo en la garganta e hice fuerza. Lo menos que él necesitaba era bancarse mi llanto. Intenté calmarlo con la patética promesa de que todo estaría bien.

¿Qué es lo que va a estar bien? Nico está muerto, Nico no va a volver.
Nada va a estar bien.

'Te extrañamos', dijo ahora él, y volví a sentirme basura.
Hablamos por lo que parecieron horas, reímos y recordamos los 'viejos tiempos'. pregunté por Martín y los dos callaron. Cami apenas murmuró: 'Está en la pieza de Nico'.

La habitación estaba casi igual a como la recordaba, excepto por algunos posters nuevos y algunas fotos. Las ventanas estaban cerradas y el sol del mediodía entraba por las rendijas de la persiana. Entré y cerré la puerta.
Martín estaba recostado en la cama, mirando el techo.
-Hola Tincho.
Volteó a verme como si fuera un fantasma y volví a odiarme. Le ví la cara y tenía los ojos rojos, con algunas lágrimas a medio secarse. Lloraba en silencio. Se sentó en la cama que solía ser de su hermano.
-Hola Dee Dee.
Caminé los pocos pasos que nos separaban y me senté a su lado. Nos abrazamos, y después de unos minutos volvió a recostarse, haciéndome señas para que lo imitara y lo hice.
Hablamos de cosas poco importantes. Cada tanto hablaba de su laburo, viajes, fotos. Me señalaba algún rincón de la habitación y su voz se quebraba.
No es que empezara a llorar, es que nunca dejaba de hacerlo.
Martín no salía de esa pieza, Martín vivía a Nico en sus cosas. Martín creía que todo eso era injusto, que esas cosas no debían pasarle a un pibe de 25 años. Martín tenía razón en todo y aún así no alcanzaba.
Pero eso él ya lo sabía.

Nos pusimos a fumar en silencio. Creo que estuvimos escuchando nuestras respiraciones por al menos media hora hasta que empezó a reírse. Mucho. Y mientras intentaba contenerse se tentaba más, hasta que me contagió la risa y a los dos minutos los dos teníamos calambres en la cara y la panza de reírnos como desquiciados. Fernando y Camila golpearon la puerta preguntando si estábamos bien; Tincho -sin dejar de reír- les dijo que podían pasar.

Cuando entraron preguntando qué nos pasaba, solo pude mirar a Martín, quien reía.
Cami y Fer se acomodaron a los pies de la cama y quedamos en silencio. Otra vez.

'Cierren los ojos', dijo Martín.
Le hice caso.

Nadie preguntó nada. Nadie se movió.
Lloré a Nico en silencio. Todo era injusto, muy injusto, y no podía dejar de odiarme por ser tan egoísta al pensar en lo poco que lo había visto en los últimos dos años.
Sus hermanos llorándolo y yo pensando estupideces.

Martín empezó a hablar, y después de él cada uno fue recordando diferentes historias y secuencias compartidas. Algunas veces las voces se quebraban pero no dejaban de hablar, parecía que estaba prohibido parar de recordar.
Así el aire se fue haciendo más liviano, y a pesar de tener los cuatro los ojos rojos, llorosos e hinchados estábamos mucho mejor y se notaba.

Cuando llegó el momento de volver a casa llevaba litros de té encima, papelitos, entradas viejas, fotos, humo en la ropa, risas y recuerdos con aires nuevos.

Nico lo sabía.


sábado, 1 de marzo de 2014

for no one

La música marca el inicio y final de todo, otra vez.
Ahora canta Morrissey y en lo único que puedo pensar es en que otra vez las únicas palabras escritas van a salir de mí.

Son las cuatro de la mañana y no puedo dormir. No puedo dormir porque entiendo que ya terminaron las noches de insomnio con tu nombre, de fumar en la oscuridad, de pensar, pensar, pensar y seguir pensando hasta que ya es de día y mi condena continúa al ser un zombie las horas que restan.
El té está hirviendo y aún así parece estar más frío que el aire afuera. Estoy sentada en la banqueta, mirando como el cielo se aclara, terminando este cuaderno que guarda algunos juegos nuestros, algunos secretos, algunas puntas de Doctor Who y algunos dibujos.
Me acuerdo cuando lo diseñaste y creímos que las cientoypico de hojas no alcanzarían y ahora tal vez sobre una carilla.
Me acuerdo de todo esos días con el sueño alterado, conviviendo con tu no-presencia.
Me acuerdo de esas 'citas' pautadas para ver al Doctor y TARDIS. Me acuerdo de esas veces que nos veíamos jugar al FIFA y nos reíamos de mi play chipeada que nos impedía jugar juntos.
Me acuerdo de la música, las guitarras, los libros y nuestras traducciones. Me acuerdo de casi todo, porque eso es lo que hago siempre: recordar y pensar.

No sé por qué te cuento estas cosas, ni por qué te escribo, ya que esta vez no contarás con tu traductora oficial; pero lo sigo haciendo.
Esta vez no voy a intentar nada, y espero que vos tampoco: por primera vez te digo que no.
Estarías orgulloso.

no no no

Todo este tiempo pensé que estaba viviendo en loop.
Mi miserabilidad mutaba, iba, venía y así por ese tiempo.
Ahora sé que ese ciclo es tuyo, y que fui tan estúpida como para aceptar esas reglas.
Ya no tengo ganas.
Ya no puedo soportar la frialdad, ni tampoco quiero hacerlo, y tus excusas y psicopateadas ya vienen con su propia derrota.
Acepto, celebro, me regocijo con tus cosas buenas y entiendo tus errores, pero rechazo tu volatilidad constante y tu forma destructiva de amar.
Tal vez sea eso, que te gusta amar mis pedazos, intentar recomponerme porque en el fondo siempre supiste (supimos) que lo que viste en mi eran los bordes desarmados de un algo que había sido una persona alguna vez.
Vos mismo me lo dijiste, viste algo azul-gris en mí. Yo me reí porque no entendí y volviste a enojarte. Recién cuando hablamos esa última vez entendí que lo mejor que podía hacer era irme y no volver más.
No quiero sonar amargo aunque el vómito siempre lo es, recuerdo también las cosas buenas: los paseos en bici, tu forma de pronunciar mi nombre siempre de una manera diferente, tus escasas sonrisas, los abrazos cuando eran reales, tus discos siempre sorprendentes para mí.
Por eso duele un poquito recordarte con tanta bronca y olvidarte casi todo el tiempo.
Nunca quisiste hacer magia y despreciaste todos los momentos mágicos, renegabas de quererme porque sabías que no podía enseñarte nada nuevo aunque quisieras aprenderlo. No querías y no podías.
Te gusta armar y desarmar cosas, pero a tiempo descubrí que no soy algo.

portales y esas cosas

No sé mucho sobre portales ni nada, pero lo que son las cosas che.
Estaba dándole vueltas a un asunto que no iba al caso para nada, mientras iba por el centro sin rumbo fijo porque tenía una hora libre antes de entrar al laburo. Música en los oídos y nada en vista, salvo los cordones desatados, que me provocaban una sonrisa medio de idiota hipnotizada. Cada tanto levantar la vista y mirar gente que en realidad se ve como un montículo gris aplastado.
Caminé hasta la plaza para sentarme y repensar ideas cortando pastitos.
Estaba en eso cuando en el aleatorio del celular suena una canción que me recuerda a alguien que no conozco y que no sé si la conoce. El tema era uno de Neon Indian. Sonreí, seguramente con esa sonrisa idiota otra vez. De la nada, una urgencia: la necesidad total de prender uno. Ya, ahora, YA. ¿Por qué? No sabía.
Miré la hora y faltaba media hora para entrar al trabajo. Calculé pros, contras y aunque había más contras, decidí satisfacer esa misteriosa necesidad.
Prendí lo poco que tenía encima y mientras caminaba y pensaba, paré ante una escalera de piedra.
No podía dejar de verla, estaba colgada.
Suena el celular y a quien había recordado con la canción que aún sonaba en mis oídos me invita a abrir un portal a la cuenta de 3. Ya.
Abrí la recepción sonriendo idiotamente por tercera vez en una hora, pensando que tal vez el portal ya había sido abierto en esa escalera de piedra. Un portal a mi manera.

sábado, 15 de febrero de 2014

no podría decirte

No sé, es como que en días así me siento más pequeña de lo normal y no ante la inmensidad del mundo, sino ante mí misma, mi yo que todo lo podía.
Como volverse un poco más viejo y ver que no hiciste nada de provecho, como esa vez que hablamos de la midlife crisis, pero solo que recién me faltan dos meses para cumplir los 23.

No sé si vos tendrás que ver tampoco, no sé si puedo considerarte uno de mis tantos fracasos porque sería como incorporar tu presencia y tu ausencia en mi vida y la verdad es que no sé si puedo hacerlo.
Lo que sí sé que puedo hacer es poner el agua a hervir y dejar que pase el tiempo para tomar un té y pensar sobre todo esto.
Seguir igual.

domingo, 24 de febrero de 2013

Bajan


Y es que es horrible no poder decirle NO.

Es llegar, ver el cartelito rojo y rogar que sea. Please.

Pero necesitás despegar. Hay que hacerlo. Cambiar, alejarte para –eventualmente- estar más cerca.
Los días enteros son pocos. Y no hay forma de pensar que esto no es sano. Dormir cuatro o cinco horas diarias ya no suena a disparate. Porque si soy... vos sos el Sol.
(despacio también podés ser…)
Así de necesario. Como un buen café o té a la mañana.



¿Y si no hay cartelito rojo? O peor aún: ¿si hay cartelito rojo, pero no el esperado? OH MY – Agarrate Catalina. La vertiginosa carrera que había corrido esa especie de gritito de victoria queda en medio de la garganta. Lo que hasta hace un momento era una felicidad incontrolable se desbanda, pero ya no en forma de alegría, sino en fastidio.
De repente todo lo que hiciste en el día no valió la pena.



Pero ¡no!

Pensar positivo. Excusar. Tal vez fue un día difícil. Tal vez. Por ahí. Quizá. 
La mente se llena de todos los condicionales posibles y empieza a salir humo de la cabeza de tantas probabilidades barajadas en sólo un minuto.
Abrir igual, ¿lo habrá leído? Esperar. No caer en la tentación. No ser taaan cargosa.


De repente tururúm. Emoción. Salta una ventanita. Y compartís conmigo un poco más de vos. Sé lo que cuesta. 
Acá es igual.
Y ahora sí… Ser feliz se nos es permitido.
-Adelante, tiene permiso para reírse (incluso a carcajada limpia, aunque quede como un idiota frente a toda su familia) y, si se atreve, a levantar los brazos en clara señal de triunfo.


Empezar una eterna charla que deseás que lo fuera, pero no: el Sol sale como todos los días, implacable. Hay que disfrutar entonces lo que la Luna nos ofrece en complicidad.
Llegar, incluso, a compartir el sueño a través de las pantallas.

Hastamañana.



Pero no quiero estar todoeltiempo. Es como agobiarme a mí misma, aunque jamás me digas nada. Odiaría que la cotidianeidad castre esto también. Debería intentar dejarlo.


Pero simplemente no puedo decir no.

jueves, 17 de enero de 2013

Hello stranger...






¿Será que podemos lograr las proposiciones propias?
Estaría genial no saber lo que es ser adulto.
Llegaste mágica - (y strangely) mente.





YOU WERE CONNECTED TO A TOTAL RANDOM STRANGER.
START TO CHAT!


Hello… Jenny?
Hello stranger.


RANDOM.
RANDOM.
RAN
DOM.

Y pasaron días. Semanas.
Y todos los días.
Y ese viaje empieza a tener sentido.
Y sonreís más seguido. Y está. Y se preocupa.
Está. Lejos, pero está.


Cambian las canciones, su sentido.
Cambia lo que lees, lo que sos. Cómo te ves y te pensás. Cómo pensás al otro.




Como una oda a la adicción.


sábado, 12 de noviembre de 2011

Memorándum II

Ayer mientras miraba una peli me acordaba de algunas de las caras que ponías (¿o seguís poniendo?).
Simplemente me hizo reír. Las condiciones igual estaban dadas, así que aproveché y me reí con muchísimas ganas. Muchas.
Fue genial, y simple. Verdadero.
¿Te acordás cuando me llevaste hasta Camet en la bicla? Jajaja, así me reí anoche. Hacía mucho que no me desarmaba de esa forma. Me acuerdo que por la costa pasamos dos perros iguales, con la mancha negra en el ojo, no sé porqué, te causo gracia mi reacción al querer bajar y acariciarlos un rato. Pero te sumaste, y nos siguieron hasta la pseudo-laguna a la que íbamos.
Me acuerdo que me daba cosa dejarlos solos, hasta que se cansaron de seguirnos camino a tu casa, y yo miraba como se alejaban mientras en realidad nosotros nos alejábamos.
Me acuerdo también de que me ibas haciendo cosquillas, y casi casi nos pisa un fitito, lo cual me hizo reír aún más.

No sé si te acordarás, pero como yo me acuerdo de casi todo, y lo quiero compartir, porque ya no está tu bici para recordártelo, ni las películas juntos, ni la música de fondo en nuestras charlas inmortales, ni tampoco los perros, pero te lo cuento para que veas que me acuerdo de esas cosas con las que me hacías feliz.

sábado, 29 de octubre de 2011

Memorándum

Recuerdo esa vez que nos miramos y fue como espacio, todo espacio, y casi dolía mirarte. Era hermoso.
Recuerdo también ese día de lluvia en que tirados en el sofá de tu casa mirábamos llover y era el tic tiki tic tiki tiki tic en la ventana, y todo afuera era gris, nosotros en amarillo.
Hablábamos, reíamos y nos amábamos, era eso, eramos nosotros, era ahora.

Ahora es distinto. Ese ahora se fue. Pasó todo y toda.

Mirar llover siempre me hacía feliz. Ahora puede ponerme triste. ¿Pensarás en lo mismo?
Lo dudo. Ni siquiera pensaste seguro en esa lluvia golpeando, pidiendo permiso para entrar y ser nosotros. Seguro que ni creés en la magia.
Que infeliz de mierda.