dejame, dejame hacer lo que quiero repite una y otra vez en mi oído como un mantra, como un ruego y una orden al mismo tiempo y no hay nada en mí que quiera negarse a su pedido. me dejo ir un poco bajo la calidez y presión de su piel contra la mía, las respiraciones entrecortadas y aceleradas como luchando pero en una lucha que es espera y entrega al mismo tiempo. no hay poder de uno sobre el otro, no es dominación: ambos reclamamos lo que es nuestro y de los dos.
dejame, dejame hacer lo que quiero vuelve a repetir y esta vez parece que se lo dijera a sí mismo pero mirándome a los ojos, llenando los pocos vacíos que pudiera haber entre los dos. yo no ofrezco resistencia alguna ni quiero, no me interesa. quiero que haga lo que quiera. quiero que esté ahí como está ahora, reclamando para sí ese último lugar donde todo es un mundo de sábanas, brazos, sueños y piernas enredadas. quiero que haga lo que quiera porque es lo que queremos los dos; queremos hacer lo que queremos y queremos mucho.
dejame, dejame hacer lo que quiero y esta vez sus palabras salen ahogadas contra mi cuello. estamos estamos estamos haciendo lo que queremos y está bien pero no es necesario decirlo, se lo ve, se lo siente. las sombras empiezan a tomar color y todo está bien. todo es correcto y somos plenos y después de un diálogo entre bocas mudas y ojos que se cierran llega el sueño y el despertar en el mundo real, que no parece mundo y es menos real que eso.
Y los pensamientos están ahí, girando en la cabeza durante tanto tiempo que son producto primario de sueños en blanco y negro con sombras a color.
Hay veces en las que simplemente no hay nada que decir, y ese es el problema: hay algo, no hay nada. Qué se debe hacer en momentos así escapa de mí; por lo general se dice nada porque el silencio es un gran amigo. Se debe rogar entonces que el otro acepte y entienda, y que tal vez incluso sea amigo y acompañante suyo.
El silencio es y fue un compañero casi corpóreo en mi vida. De chica me encerraba en la pieza a leer durante horas, o dibujaba tirada en el piso. Años más tarde eso no cambiaría demasiado pero se le había agregado el vicio de escribir cosas en cualquiera fuera el papelito que se cruzara. Años después estuvo ese fin de semana en el que no pronuncié palabra alguna casi sin darme cuenta, dialogando en silencio conmigo misma, el frío, el café y la brillante presencia de la pantalla de la computadora que me otorgaba la facilidad de sumergirme en varios mundos y ninguno a la vez.
No fueron días de provecho, simplemente fueron días silenciosos. No avancé en nada, no repensé grandes problemas, no solucioné traumas, no modifiqué hábitos destructivos: simplemente estuve callada porque estaba sola y no quería estar de otra forma. No salí de compras jugando a la economía de guerra con la comida que había y agradeciendo esa costumbre horrible que tenía de guardar atados con uno o dos cigarrillos sueltos dentro por toda la casa. No atendí llamadas, no contesté mensajes, no atendí el portero. Tampoco lo hice adrede: primero simplemente no tenía ganas de leer un mensaje, después me daba fiaca levantarme y atender y así con todo. Pequeñas decisiones que iban formando una mucho más grande sin que yo lo notara hasta mucho más tarde. Tres días así. ¿Qué pasó? Nada. El mundo siguió igual. Como siempre.
Y yo también.
El lunes a la tardecita, primer día oficial de esas vacaciones de invierno, salí a caminar un rato y comprar cosas. Caminé por la avenida metiendo la cabeza dentro de la bufanda, puteándome por olvidar los guantes en casa, las manos desnudas y congeladas dentro de los bolsillos del tapado, las zapatillas de lona mojadas por ir distraída y pisar esa baldosa floja que siempre olvidaba esquivar. Cuando finalmente llegué al kiosko y me disponía a pedir los cigarrillos me di cuenta (ahí ahí en ese momento) que no había hablado en todos esos días y que tenía que preparar la garganta, silenciada durante todas esas horas para decir ‘Dos Gitanés, por favor’. Paré, me quedé clavada en el piso, a un paso de la ventanita llena de stickers de caramelos, jugos y helados, el dedo a centímetros del timbre.
No podía ser, no. Imposible. ¿Realmente no había hablado todos esos días? Pensé, intenté recordar ¿me habían llamado por teléfono? Sí. ¿Había atendido? Creía que no. Lo mismo con los timbrazos al portero eléctrico o el tururú ese de Skype. Nada, ni una sola palabra.
Empecé a desesperarme, de repente era totalmente necesario haber hablado aunque sea sola, la idea de no haberlo hecho me perturbaba a sobremanera, y más aún la sola idea de romper ese silencio de tres días para pedirle al kioskero del barrio dos atados de cigarrillos. Me parecía horrible, la sensación era pesada. El silencio me había acompañado todos esos días y parecía ilegítimo regalarlo de manera tan burda.
Bajé la mano que estaba casi sobre el timbre, di media vuelta y corrí a casa.
Tenía un terrible tesoro, un tesoro muy pesado y no tenía con quién compartirlo.
Ahora que llamé su atención, les voy a hablar de Pulp, o un poco más específicamente de la gente común.
Pulp es una zarpada banda pop, puro pop del bueno buenísimo. Una de esas bandas que mandan una musiquita bien pegadiza y al mismo tiempo te destruyen la mente con unas letras terriblemente melacólicas u oscuras. Todo muy Ingletarra en los 90'.
Common people es como un himno, y no digo que Pulp sea una banda bolche, pero la canción al menos es sensible a la diferencia de clases, (no por nada el disco del cual forma parte es Different Class) es un grito desesperado a un sistema de mierda y una casi cómica observación de como para los 'aburguesados' la gente común es un bichito simpático y la vida común una aventura, unas vacaciones pasables.
She came from Greece she had a thirst for knowledge,
she studied sculpture at Saint Martin's College,
that's where I,
caught her eye.
She told me that her Dad was loaded,
I said "In that case I'll have a rum and coca-cola."
She said "Fine."
and in thirty seconds time she said,
"I want to live like common people,
I want to do whatever common people do,
I want to sleep with common people,
I want to sleep with common people,
like you."
Well what else could I do -
I said "I'll see what I can do."
I took her to a supermarket,
I don't know why but I had to start it somewhere,
so it started there.
I said pretend you've got no money,
she just laughed and said,
"Oh you're so funny."
I said "yeah?
Well I can't see anyone else smiling in here.
Are you sure you want to live like common people,
you want to see whatever common people see,
you want to sleep with common people,
you want to sleep with common people,
like me."
But she didn't understand,
she just smiled and held my hand.
Rent a flat above a shop,
cut your hair and get a job.
Smoke some fags and play some pool,
pretend you never went to school.
But still you'll never get it right,
cos when you're laid in bed at night,
watching roaches climb the wall,
if you call your Dad he could stop it all.
You'll never live like common people,
you'll never do what common people do,
you'll never fail like common people,
you'll never watch your life slide out of view,
and dance and drink and screw,
because there's nothing else to do.
Sing along with the common people,
sing along and it might just get you through,
laugh along with the common people,
laugh along even though they're laughing at you,
and the stupid things that you do.
Because you think that poor is cool.
I want to live with common people like you,
I want to live with common people like you...
¿No es durísimo todo lo que dice? Bueno, para mí al menos lo es. Y para muchos de mis amigos. Y muchas más gentes comunes.
A ver, no estoy culpando a nadie por haber nacido en una familia que afortunadamente no tuvo que pasarla feo, no: a lo que apunto es a los day-trippers, los caretas. Esos que siempre existieron, esos que ahora escuchan cumbia porque es cool, que andan despeinados porque es cool, se visten rotos porque es cool y hablan mal porque es cool. Esos que quieren vivir como vos, como la gente común. Esos que no entienden que terminar la escuela para tener que trabajar y estudiar no es opcional, esos que no entienden que uno no anda roto porque le gusta estar roto sino porque está casi empujado a estarlo, esos que no entienden que si estás tirado escuchando música y fumando no es porque es cool, sino porque no hay nada más que hacer porque estás cansado, no entienden que llega un momento en el que te tenés que peinar, cortar el pelo y conseguir un laburo para tener una vida algo menos mediocre, no entienden que tenés que bancarte toda esa mierda porque ellos NUNCA fracasan como la gente común porque no están dispuestos a tragarse la mierda de ser pobre, de bancarse todos los aspectos de la vida 'bohemia' que quieren tener, porque no quieren enterarse de que ser pobre es una mierda y no importa que visión romántica tengas del asunto, en el fondo todos sabemos que tragamos basura y tenemos que agradecerle al patrón, para después llegar a casa, esperar el fin de semana y bailar, tomar unas birras y conformarse con la complicidad de otras personas comunes.
Conocí a un pibe que quería ser común y que al igual que la piba griega de la canción, creyó que intimando con los bichitos comunes iba a sentirse menos culpable de su burbuja burguesa. Irónicamente el flaco era igual a Jarvis Cocker, el cantante de Pulp.
Al principio no supe que su personalidad estaba en construcción, pero no tardé en darme cuenta que la coraza de persona común era finita finita y conocí su afortunado pasado. A mí la verdad me interesaba muy poco que su familia tuviera plata o fueran los dueños del mundo y algo hijos de puta: uno no elige donde nace ni a sus viejos. Incluso tengo amigos con esa suerte que son comunes. En su caso, creí que sus intenciones eran reales, que quería despegarse de todo eso, que quería independizarse del ala de papi el Señor Juez. Pero no.
No pasó mucho tiempo hasta que el departamento que alquilaba junto con otro compañero le pareció feo, la cama donde dormía muy dura y la calle donde vivía muy ruidosa por la noche. Ni hablar del trabajo (laburo de oficina, enganche de papá) que según él le exprimía la creatividad: me lo dijo un día casi llorando, mientras soltaba cada tanto un 'no puedo más, no puedo más, ¡¿cuándo se va a terminar todo esto?!' Lo miré muy tranquila y le dije que tal vez nunca terminaría. Es así; uno hace lo que puede pero no siempre alcanza. Lo único que nos mantiene en nuestras tareas es la leve esperanza de poder hacer algo que nos guste y no nos exprima tanto, pero lamentablemente no siempre sucede.
Le expliqué que lo entendía, que me pasaba lo mismo pero que no nos quedaba otra, teníamos que pelearla, estudiar, trabajar, recibirnos, pegarla en algún lado y seguir peleándola. Me miró con los ojos azules completamente desencajados y después de unos minutos me dijo que para él no era así, que él sí tenía otras opciones.
Esa fue la última noche que pasó en el departamento, dejando completamente solo a nuestro amigo que por un tiempo tuvo que trabajar el doble para pagar un espacio que era demasiado grande para él solo, cosa que al careta no le importó.
Él quiso ser común: rió, cantó, bailó y fumó con gente común, con nosotros los fracasados que estamos condenados a laburar, estudiar y vivir. Pero no le llegó.
Demostrar confianza (esperanza firme) hacia una persona o una cosa.
"confiamos en su capacidad para sacar adelante este departamento; confío enque no llegue tarde; no tenía muchos deseos de unirme a ellos, pero confiaba enla sabiduría que hasta el momento había demostrado mi acompañante"
2.
verbo transitivo
Dejar una cosa al cuidado de alguien, especialmente en quien se tiene confianza.
"le confiaron la dirección de la obra; me confiaba consignas y documentos sellados"
3.
Comunicar [una persona] a otra en quien se tiene confianza, sentimientos, ideas, etc., de forma reservada o secreta.
"me confió su deseo de dejar la empresa"
4.
Dejar [alguien] que una cosa sea resuelta mediante otra, sin intervenir directamente en ello.
"afirmaba que lo mejor era confiar el destino al azar"
5.
verbo pronominal(confiarse)
Mostrar [una persona] seguridad plena en algo, dejando de lado toda precaución.
"no estudió, se confió demasiado y no aprobó el examen"
confianza
nombre femenino
1.
Esperanza firme que una persona tiene en que algo suceda, sea o funcione de una forma determinada, o en que otra persona actúe como ella desea.
"tengo plena confianza en sus capacidades; la confianza que ha depositado el presidente del club en el entrenador ha fructificado; la confianza en un mercado seguro fue también suficiente estímulo para que los campesinos se arriesgaran a comprar los terrenos ofrecidos"
2.
Seguridad, especialmente al emprender una acción difícil o comprometida.
"inicia el ascenso con gran confianza; ante el examinador es aconsejable demostrar confianza controlando el nerviosismo"
3.
Familiaridad, naturalidad y sencillez en el trato, propias de la amistad o el parentesco.
"puedes hablar tranquilamente, aquí estamos en confianza"
4.
Acto que denota mucha familiaridad, a menudo excesiva.
"con él sí que puedo permitirme estas confianzas; se tomó demasiadas confianzas conmigo; me tomé la confianza de contestar al teléfono en su casa"
5.
Se aplica a la persona en quien se puede confiar.
"ser digno de confianza; el abogado, su hombre de confianza, defendía los intereses familiares"
6.
[cosa] Que inspira confianza o seguridad.
"un producto de confianza; no era amor repentino, era ansia de cobrar relieve ante quien le había abierto un crédito de confianza"
Los extraño, a cada grupo por diferentes razones y a cada uno por situaciones diferentes.
Parece que escribir sobre ellos (o más bien copiar y teclear, ya que en ambos casos son cosas viejas: lo de Nico fue en octubre y lo del casamiento también en octubre, pero de 2010!) los trajeron de vuelta. Recibí mensajes y algunos likes en fotos viejísimas, como en reclamo indirecto.
Si hay algo que no está bueno es ser una persona colgada, aunque algunos lo encuentren encantador la mayoría lo encuentra detestable. Yo misma me encuentro dividida: en los demás me parece algo casi lindo, pero en mí solo genera bronca. Y mucha.
Si estoy subiendo muchas cosas últimamente es porque bueno, tengo ganas de leer cuadernos viejos y empezar nuevos, y quiero que algunas cosas sean amigas de este lugar, espero sepan entender. Les dejo un abrazo.
La ceremonia estuvo hermosa, me reí muchísimo y sorpresivamente no me dolió la cabeza al entrar a la iglesia. El padre (no recuerdo su nombre) no paraba de hacer chistes sobre el lío en se estaban metiendo Neri y Fer al ser tan jóvenes y medio que me terminó cayendo bien.
Juanki fue el que más contento salió: estábamos sentados uno al lado del otro y cuando el cura tiró uno de sus chistes me miró y empezó a aplaudir, rogándome con los ojos que lo siguiera. Lo hice y en cinco segundos todos los que estaban ahí empezaron a aplaudir entre risas. Nadie notó que era la primera vez que mi amigo iniciaba un aplauso salvo yo, así que mientras aplaudíamos más fuerte que de costumbre (todavía me duele un poco la mano de tanto emocionarme) nos abrazamos en señal de triunfo. Uno de los nuestros lo había logrado. Los viejos de Ale (y Ale también, todavía no le habíamos contado) nos miraban con cara de quelespasaahoraaestoschicos. Nos contuvimos de hacer varias caras y señas a Alejo el Pendejo porque estábamos en la primera fila y no queríamos salir en los videos del casamiento de su hermana haciendo caruchas. Ganas no faltaban.
El resto fue normal, dieron el sí, aplaudimos, (no me animé a empezar un aplauso yo y me gané varios tirones de pelo de parte de Juanki por cagona) abrazamos a Neri y Fer, comentamos entre nosotros que jamás nos casaríamos (aunque después con unos vinos encima Juanki diría otra cosa) pero que estábamos de acuerdo en que a ellos esa ceremonia y celebración les quedaba bien. Después de tirarles arroz (un poco violentamente) esperamos como por una hora un taxi y al final nos terminó llevando mi vieja (con cara de orto, obvio).
Ya en el salón nos esperaba el Jiji que recién salía de trabajar. No te imaginás lo lindos que estaban los tres con sus trajes y corbatas y moños, completamente adorables. Ahí llegó también Gabi y fue casi automáticamente que Juanki y yo dejamos de estar cerca porque bueno, soy yo y sus novias me odian. Odio eso, sobre todo cuando me caen bien. Como Gabi.
Me sorprendí al ver que Ale no fue con Sofía, pero Cris fue con Jessica (LA MUY HIJA DE PUTA DE DIGNÓ A CONFESARME QUE 'ahora me caés bien, antes pensaba que eras la puta del grupo' Y NO LA MATÉ NO SÉ POR QUÉ) lo que significó un clima medio choto en nuestra mesa durante la comida porque digamos que no se la quiere mucho.
Tomamos UN MONTÓN y Donpe medio que se enojó pero vió que nos portábamos bien y desistió en su rol de padre de la novia (se descocó también, pero siempre con 'responsabilidad'). Esta vez le tocó a Candyman volcar vino en la mesa (EL MANTEL!) y el Jiji lo molestó tanto que Candy casi le pega una piña, cosas no.
Bailamos unas cumbianchas, tiramos tiritos, tocamos bajos invisibles como siempre y algún que otro tecladito compartido pero no muchos porque las chicas no entendían mucho qué hacíamos y no quería que piensen nada raro, así que bailé más con Luquita que con ellos en general.
Luca estaba precioso, el típico hermanito con su chalequito y peinadito, un amor. Me custodió toda la noche y bailó conmigo, negándose a 'prestarme' para bailar con nadie que no fueran los chicos o Donpe o una mujer. Gracias a dios existe Luca, porque el Colo estaba ahí y BASTANTE molesto.
Para la hora de la retirada Ale estaba enojado con su vieja y no quería hablar con nadie. Se había sentado en una silla en un rincón oscuro con los brazos cruzados y me hizo reír porque estaba tan en pedo que tenía cara de capricho. Obvio que fui a preguntarle qué había desatado el enojo (el por qué lo sabemos todos) pero no me dijo nada y empezó a revolear brazos y piernas y corrió para afuera, Donpe lo siguió y la paré a la vieja porque era lo último que tenía que pasar. Juanki estaba afuera despidiendose de Gabi, así que llegó a ver para donde corría Ale y lo seguimos. No sé cómo porque estabamos del orto, pero bueno.
Lo hicimos entrar de nuevo, se sentó y el quilombo empezó de parte del Jiji, obviamente recordando a sus viejos. Resumiendo, hubo otro monumento al abrazo pero de seis brazos porque Ale seguía encaprichado. Se quería ir.
Donpe me pidió por favor que acompañara a Alejo el pendejo (igual todos nos volvíamos juntos) y que lo llamara ante el menor problema, así que salimos los cuatro, pateando mientras amanecía por ese barrio que es un bardo. Todo hubiera estado 'bien', si no fuera porque salió justo la vieja de Ale a hacer no sé qué. Cuando se le acercó, Ale empezó a llorar y a decirle que lo deje solo. Cuando intentó abrazarlo él empezó a soltarse a los manotazos, se 'sacó el saco', chaleco y corbata, los revoleó por cualquier lado y gritaba cosas que no entendíamos. En silencio levanté la ropa y fui a intentar calmarlo, pero medio que me empujó y cuando se dió cuenta que su mamá se había ido y solo estábamos sus amigos se aflojó y me pidió perdón. Esta vez el monumento al abrazo fue completo y cerramos el círculo. Al menos eso pensé. Fue cuestión de caminar 3 cuadras para darme cuenta que ni Ale ni el Jiji estaban bien, y Juanki me miraba con carpa como consultando qué íbamos a hacer. No pude decirle nada porque la verdad es que ni yo lo sabía. Decidí optar por el silencio en el caso de Ale y un abrazo en el caso del Jiji. Caminamos, caminamos y caminamos, el sol me hacía mierda los ojos y Juanki me prestó sus lentes. Seguíamos en silencio cuando Ale habló. Nos preguntó si le dábamos la ropa, que él la quería llevar. Me acerqué y le dí las cosas que había levantado. 'Falta el chaleco, ¿dónde está?' No sabía, osea, lo había levantado, lo recordaba pero ahora no lo tenía. Se lo dije y se recontra calentó y empezó a gritar, o a gritarme mejor dicho. Me quedé congelada porque Ale jamás NUNCA JAMÁS me había siquiera levantado la voz. Miré a los chicos y ellos estaban igual de duros o más que yo. No pude evitarlo y me empezaron a lagrimear los ojos, no podía contenerme, es eso que me pasa. Y lo dijo. Sabiendo cuánto odio llorar adelante de alguien, sabiendo lo que significa eso para mí, lo dijo 'Ahh, ahora llorás, llorar no soluciona nada, dejá de hacerte la víctima porque no te va a funcionar nena'. Contuve todo lo que le quería decir y empecé a caminar casi corriendo para el otro lado. Juanki me siguió pero no quería hablar con nadie así que corrí como una idiota. El Jiji le decía algo a Ale, quien me llamaba a los gritos pero no me dí vuelta y seguí corriendo. Antes de llegar a una avenida o algo me siguieron cuatro flacos y tuve que volver a correr, por suerte no tenía los zapatos puestos. Después un auto y justo aparecieron los chicos y se fue. Caminé rápido y ellos iban atrás, Ale pidiéndome que pare. Así todo el camino a su casa. Cuando llegamos Juanki preparó té, nos sentamos los cuatro en la mesa redonda, pusimos los luises en el medio para juntar las reservas y uno a uno fuimos hablando de qué había pasado. Yo no quise hablar, y el que más se extendió fue el Jiji. Ale volvió a pedirme perdón adelante de todos y le dije que sí, que estaba bien. Pero no sé, me sorprendió mucho lo hiriente que fue. Le ví en la cara que sabía que eso iba a lastimar, pero que al mismo tiempo no le importaba, que quería decirlo. Quería lastimar, quería. Cuando decidimos acostarnos me tocó entre él y Juanki, y antes de dormirnos escuché que Ale murmuraba 'Yo también necesitaba un abrazo'.